25 marzo, 2013

Un simpático compañero

Hoy averiguamos por excursiones para realizar en una especie de casa de turismo. Allí había un museo, que en la primera parte contaba la colonización en San Martín de los Andes, y en la segunda había datos sobre plantas y animales para crear conciencia ecológica.  Me encantó la segunda parte, porque la experiencia del visitante no solo se limita a observar, si no también puede disfrutar aromas de bosque y tocar el fruto de algunos árboles. La muestra hace hincapié en la estrecha relación del hombre con la naturaleza, que muchas veces se ignora.


Casi al final hay un juego en el que se invita a los visitantes a encontrar un producto que no provenga de la naturaleza, y entre las opciones están: Medicamentos, plástico, vidrio, entre otras. Resulta que todo, absolutamente todo, proviene de la naturaleza. Es una original manera de mostrar un mensaje claro que difícilmente será olvidado. Al final, como broche de oro, hay un enorme pizarrón con una tiza, que invita a escribir un mensaje para crear conciencia ecológica.  La muestra no es grande (1 habitación mediana y 2 habitaciones chicas), pero está armada de manera creativa, por lo que recomiendo visitarla.

Una de las excursiones que nos recomendaron fue la del “Mirador Bandurria”, de dificultad media y con el tiempo estimado de 1 hora. Debo decir que subestimé la caminata y fui de jean con zapatillas de suela lisa, lo que lamenté mucho, ya que toda la caminata fue en subida empinada y con tierra suelta. En un momento el cansancio casi me hizo desistir, pero por suerte continué y pude llegar a la meta, en donde nos aguardaba un magnífico paisaje.
En el camino nos encontramos con un simpático perrito blanco y pequeño que nos acompañó hasta el mirador. Durante el camino recibió mimos, y al llegar se acostó al solicito mientras nosotros tomábamos fotos  y admirábamos al paisaje. Ya se sentía uno más del grupo, pero al comenzar el descenso debimos intentar dejarlo en la casa de donde salió por miedo a que por seguirnos se pierda. 

Pero el perrito no  nos iba a dejar tan fácil: cuando habíamos creído que ya no nos seguía, nos dimos vuelta y el perrito estaba allí, observándonos atentamente a unos 50 m de distancia, completamente inmóvil.  Nuevamente le chistamos para que no nos siga, y continuamos el descenso. A los 10 minutos nos dimos vuelta y el perrito se encontraba en la misma posición que antes y a la misma distancia. “Esto parece el juego de las estatuas” fue lo primero que se nos vino a la mente. Esto se repitió un par de veces más, hasta que la decisión fue ignorarlo completamente y no darse más vuelta. Cuando llegamos al inicio del recorrido, no pude evitar darme vuelta, ¡y sentí un enorme alivio al ver que el perro no estaba allí! Al fin se había decidido a volver a su casa y dejar de seguirnos. Ese mismo día al atardecer, al caminar por el centro, el chiste repetido fue mirar para atrás y decir: -¡Hey!, mirá quien está ahí…

Catty






3 comentarios:

  1. Que gracioso el perrito! jaja... Saludos a todos. Luz.

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  2. Hey! mira quien esta ahi... jajaja! Luz.

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  3. Que bueno
    !! espero que la hayas pasado bien !!! saluditos

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